Ramón Canizales rinde honor a Dios con su guitarra eléctrica (FOTOS)

Publicado el 21/06/2023 a las 23:18
- Ramón Canizales huyó de la guerra en El Salvador para esparcir fe con su guitarra.
- El músico es un inmigrante en Houston, Texas, en donde toca con el grupo Zona 7.
- La banda es uno de los pilares y referentes del rock cristiano en español del mundo.
La historia de Ramón Canizales podría ser una película. El hombre llegó a Estados Unidos desde su natal El Salvador para hacerse una estrella del rock. Ramón ‘Moncho’ Canizales es el guitarrista del grupo de rock cristiano Zona 7 en Houston, Texas, y ha tocado con su música de alabanza los corazones de muchos jóvenes inmigrantes.
Para contar su vida Ramón ‘Moncho’ Canizales, en entrevista con MundoNow, retrocede en el tiempo. Era mediados de la década de 1980 y El Salvador estaba inmersa en una guerra civil fratricida. Los dos bandos levantaban chicos de los barrios para llevárselos forzados a combatir. Con unos 12 o 13 años ‘Moncho’ estuvo a punto de padecerlo.
Ramón Canizales rinde honor a Dios con su guitarra eléctrica

«Mis padres estaban separados… vivía con mi papá en San Miguel y los fines de semana me iba al rancho a ver a mi abuela. Un viernes, saliendo de la ciudad, había un retén militar, me bajaron del camión y me subieron a uno del ejército. Pensé ‘ni modo’. Había bombas y balazos por todos lados» rememora Ramón Canizales.
Sin embargo, quiso la providencia que un teniente que estaba a cargo de aquel camión militar era un viejo amigo del padre de Ramón Canizales. El teniente ordenó en un grito a sus subordinados «¡a ese bájenlo, es mi amigo!». El pequeño ‘Moncho’ así se libró de ir a la guerra. Luego los mismos soldados lo llevaron hasta el cantón de su abuela.
La música de Carlos Santana transformó al jovencito de El Salvador

En la casa de su abuela de manera sorpresiva Ramón Canizales descubrió que lo esperaba su madre. La señora ya vivía en Nueva York desde hacía cinco años y pensaba que sus hijos, ‘Moncho’ y su hermana, estaban bajo el amparo de la abuela. La madre de los chicos descubrió que los dos niños se los había llevado su padre a San Miguel.
La infancia de Ramón Canizales con su padre, él mismo lo reconoce, no fue del toda buena. «Estábamos desatendidos, es la verdad, no lo digo con dolor. Vivíamos con mi papá pero él andaba en su mundo» cuenta Canizales. Lo que sí descubrió ‘Moncho’ con su padre fue la música y, sobre todo, el rock del guitarrista Carlos Santana que lo cautivó desde la niñez.
De repente Ramón Canizales se vio en otro país y con otro idioma

Cuando la madre de Ramón Canizales escuchó la historia de su hijo, la señora decidió de un día para otro volverse con ellos a Estados Unidos. Tras una larga travesía desde El Salvador hasta Texas, ‘Moncho’ y su hermana llegaron al East Side de Houston, Texas, y su madre los inscribió en la escuela. El choque cultural fue tremendo para los dos muchachos.
«Llegamos a Texas sin conocer el lenguaje, sin conocer la cultura, a empezar de nuevo. Nos quedamos en casa de una tía», cuenta Ramón Canizales y detalla que su madre le dijo que había dos cosas que tenía que aprender sí o sí. «A nadar y a tocar la guitarra», explica ‘Moncho’, quien usó la guitarra como tabla de salvación para no hundirse en su nueva vida.
«¡Llegaba a mi casa llorando!», rememora Moncho Canizales

En el supermercado Fiesta de Houston, la madre de Ramón Canizales encontró trabajo mientras sus chicos iban a la Austin High School en donde, la mayoría de los chicos, eran hispanos. «Fue algo muy duro porque, aunque no lo parezca padecimos mucho racismo de otros muchachos latinos, de los que eran nacidos aquí» cuenta el músico.
Los hispanos nacidos en Estados Unidos en la preparatoria de Ramón Canizales se burlaban porque el muchacho no hablaba inglés, no aprobaba materias, no podía comunicarse con nadie, lo ignoraban. «¡Llegaba a mi casa llorando, de impotencia, de coraje y agarraba la guitarra! Yo era igual que ellos, de tez morena, y me hacían menos, no me aceptaban» recuerda.
El reto de aprender inglés aunque todos se rieran

Una vez la madre de Ramón Canizales lo encontró llorando y el muchacho le imploró que quería volver a El Salvador. «Mi mamá se sentó junto a mí y me dijo… ‘mira hijo, el idioma no es nada, tú estás muy joven y puedes aprenderlo. Tómalo como un reto, es algo que te va a hacer más fuerte’. Y así lo hice» detalla Canizales.
El joven inmigrante decidió que iba a hablar inglés aunque lo hablara mal. A todos los lugares que llegaba salpicaba unas poca palabras en inglés y como podía exigía que le hablaran en ese idioma. El español sólo lo usaba con su familia. «Hasta se burlaban de mi, pero me valía, me fijaba en la pronunciación de cada palabra» cuenta entre risas.
Las aulas de la universidad recibieron a Ramón Canizales

Aquella inusual forma de aprender inglés dio frutos para Ramón Canizales y se graduó de la preparatoria. Como no podría ser de otro modo ‘Moncho’ se matriculó en el San Jacinto College para estudiar Música. Los domingos en una iglesia cristiana a la que iba con su familia le daban oportunidad de tocar de vez en cuando.
Sin embargo, otra vez la providencia le echó una mano a Canizales. Un día el líder del grupo musical en aquella iglesia no llegó y al joven guitarrista lo animaron para que se hiciera cargo de las alabanzas. «La iglesia era mi tiempo de comunidad, me conectaba con mi cultura, porque la mayoría de la gente ahí era mi pueblo» explica Ramón Canizales.
«Nada más sabía tocar dos acordes y chunga chunga»

«¡La verdad, yo nada más sabía tocar dos acordes y chunga chunga… pero ya me sentía guitarrista!», cuenta Ramón Canizales entre una carcajada y agradece a Dios que nadie lo haya corrido de aquella iglesia cuando se subía a tocar. En ese tiempo descubrió también la música del grupo estadounidense de rock Metallica.
«Quería tocar como ellos (Metallica) pero con letras cristianas para que mi mamá sí me dejara escucharlos» revela con timidez Canizales. Su búsqueda lo llevó a conocer los temas de las bandas de rock cristiano Petra, Stryper y Newsboys. Al escuchar a esos grupos el joven guitarrista supo que había encontrado su camino.
Zona 7, un guiño a la buena gente de Guatemala

A la par de sus estudios de Música en el San Jacinto College el joven Canizales trabajaba para el cantautor y pastor cristiano Marcos Witt en su compañía de discos a principios de los 1990. Quiso la providencia otra vez que en diversas iglesias de Houston conociera a más jóvenes cristianos con la inquietud de hacer un grupo de rock.
El nombre de Zona 7 surgió porque Ramón Canizales en su paso desde El Salvador a Texas cruzó por Guatemala y en la capital de aquel país los que le acogieron y protegieron vivían en el barrio con ese nombre. «¡Nunca voy a olvidar a esa gente!» dice ‘Moncho’ y remarca que «en la vida siempre hay que ser agradecidos cuando nos dan la mano».
Rock y reggae como himnos de amor y esperanza en Dios

Cuando Zona 7 se formó oficialmente fueron como agua fresca para la música cristiana en español en Estados Unidos. La inusual mezcla de estilos como rock, reggae, rap, hard-core y funk en sus canciones que arropaban letras de amor, devoción a Dios, esperanza y respeto jalaron a decenas de jóvenes. Muchos de sus seguidores ni siquiera eran cristianos.
El arte de Zona 7 quedó en los discos ¿Cómo me ves? (199), No me critiques (2004) y Libertad Revolución (2008) con temas como La mentira más grande, Harto, La neblina, Donde te conocí, Hablando contigo y, su mejor canción, Día mejor. En las canciones la guitarra de Ramón ‘Canizales’ es una protagonista esencial con sus requintos y acordes preciosos.
El camino de Ramón Canizales también tuvo obstáculos

Sin embargo, con las giras y el éxito comercial para Zona 7 también llegaron las críticas. «Había gente, hasta pastores cristianos, que mirándonos a los ojos nos decían ‘ustedes tiene a Satán en su corazón, no se puede tocar rock y ser cristiano’. La verdad me queda conmocionado. No lo podía creer» revela Ramón Canizales.
Pese a todo, Ramón Canizales y sus compañeros en Zona 7 nunca claudicaron en su fe y su rock cristiano. «Sabíamos que estábamos haciendo bien, que nuestra música estaba tocando la vida y los corazones de muchos jóvenes que nos venían a ver. Dios me dio la fortaleza para seguir» sostiene Ramón Canizales en entrevista desde su casa.
«Yo sé que Dios me puso en este camino como inmigrante»

Al cabo del tiempo Ramón Canizales, de 50 años, recuerda todavía a una chica que fue fue a ver un concierto de Zona 7 en Tucson, Arizona. «Era una muchachita, muy joven, estaba muy tímida y como de mala gana. Cuando comenzamos a tocar la cara le cambió y se interesó en la música» recuerda.
«Cuando terminamos de tocar la chica nos buscó… nos dijo que hasta antes de ese día sólo pensaba en suicidarse, nos enseñó los brazos con sus heridas, pero que nuestras canciones la habían cambiado. La abrazamos, lloramos, rezamos…. por esa chica, nada más, yo sé que Dios me puso en éste camino como inmigrante», finaliza ‘Moncho’ Canizales.