Imagen del Niño Dios vestido con la camiseta de la Selección Mexicana se vuelve viral

Publicado el16/06/2026 a las 07:55
La pasión por el Mundial 2026 no solo se vive en los estadios, las fan zones o frente a las pantallas. Para muchos aficionados, la fe también forma parte del camino hacia la gloria futbolística.
En distintos puntos de México, cientos de fieles han acudido a iglesias y templos para elevar oraciones por el éxito de sus selecciones nacionales durante la Copa del Mundo.
Una imagen que se volvió viral

Una de las escenas más llamativas se registró en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, donde una persona fue captada rezando frente a una figura del Niño Dios vestida con la camiseta de la Selección Mexicana.
La imagen rápidamente llamó la atención en redes sociales y se convirtió en un reflejo de cómo el futbol y las tradiciones religiosas pueden coincidir en momentos de gran importancia para los aficionados.
Una tradición que trasciende fronteras

El fenómeno no es exclusivo de México.
A lo largo de la historia de los Mundiales, seguidores de distintas selecciones han acudido a iglesias, santuarios y centros religiosos para pedir suerte, protección y buenos resultados para sus equipos nacionales.
Desde América Latina hasta Europa, la combinación entre fe y futbol ha sido una constante en los grandes torneos internacionales.
El sueño mundialista

La imagen del Niño Dios con los colores del Tri representa la esperanza de millones de aficionados mexicanos que sueñan con una actuación histórica de su selección en la Copa del Mundo que se disputa en México, Estados Unidos y Canadá.
Mientras los futbolistas luchan por la victoria sobre el terreno de juego, muchos seguidores consideran que las oraciones también forman parte del apoyo hacia sus equipos.
Cuando la fe y el fútbol se encuentran

El Mundial genera emociones capaces de unir culturas, tradiciones y creencias.
Y aunque los resultados se deciden dentro de la cancha, para muchos aficionados la fe sigue siendo una compañera inseparable durante cada partido.
Porque mientras el balón rueda en los estadios, en los templos también se juega otro partido: el de la esperanza